domingo, 27 de marzo de 2016

Las ocho y cuarto y yo con estos pelos

Suena el despertador una mañana más, el mismo sonido martilleante, todos los días a la misma hora, ya no sé si vivo para trabajar o trabajo para vivir. Las duchas son mi elixir matutino, es la única manera que tengo de evadirme de este mundo por un rato. Bajo el agua caliente, me pregunto cosas a mi mismo, cosas que no tienen respuesta, pero, aún así, me sirven de excusa para quedarme un rato más ahí dentro, me pregunto por qué estoy aquí, a dónde iré... siento que vago por el mundo como una máquina más, sin rumbo, con el único fin de trabajar y no morir de hambre. Salgo de la ducha con más dudas de las que tenía al entrar, veo que son las ocho pasadas, llego tarde a trabajar, tampoco me importa mucho, sólo es problema mío, otra máquina me sustituirá.